¿Recuerdas la reacción de Eliab cuando oyó que su hermano menor estaba haciendo preguntas acerca de Goliat? ¿Cuántas veces te ha sucedido algo parecido? ¿Alguna vez has estado decidido a hacer algo importante o grande, solo para ver cómo tus parientes o amigos más cercanos dudan de que lo puedas lograr?

Lo triste de esto es que no siempre podremos estar seguros de que nos van a apoyar aquellos con quienes nosotros contamos. De hecho, algunas veces, todo lo que sabremos que harán será burlarse de nosotros o desautorizarnos, en lugar de animarnos y apoyarnos.

Cada vez que quieras hacer algo grande para Dios, prepárate para ver cómo tus hermanos y hermanas te presentan todas las razones por las que vas a fracasar. Muchas veces, las críticas vienen de aquellos que no tienen la valentía necesaria para aceptar ellos mismos un desafío de esta categoría.

Al parecer, lo que piensan es que, si ellos no van a tener éxito, tampoco quieren que lo tenga nadie más.

Prepárate para tropezar con este desafío. No dejes que las actitudes defensivas, los resentimientos, los celos o la ira de otros te desvíen de lo que te propones.

Por buena que sea tu idea o tu meta, no esperes que las demás personas estén de acuerdo inmediatamente con tu propósito o tu visión. Te debes mantener firme en tu decisión.

En la década de 1930, Andrew Jackson Higgins estaba al frente de una compañía de construcción de barcos en Nueva Orleans.

Cuando Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial, Higgins trató de convencer a la Marina de los Estados Unidos de que necesitaba una pequeña barcaza de desembarco con el fondo plano, lados elevados y una ancha puerta frontal que se abriera para desembarcar a las tropas en las aguas poco profundas que los barcos más grandes no pudieran alcanzar. Sin embargo, la Marina no se interesó en su proposición.

En aquel momento de la guerra, todo estaba enfocado en los barcos más grandes: acorazados, cruceros, destructores y portaaviones. Pero Higgins fue persistente. Finalmente convenció a los altos mandos de la Marina sobre la necesidad de esa clase de barcazas, pero decidieron diseñarlas ellos mismos, en lugar de concederle el contrato a él.

Aún así, Higgins se negó a sentirse desanimado. Estuvo empujando y molestando durante dos años más, hasta que la Marina aceptó de mala gana a permitir que él compitiera con sus contratistas preferidos en el diseño de las barcazas. Como era de esperar, el diseño de Higgins era claramente superior. Por último, se le concedió un contrato para fabricar miles de LCVPs (siglas en inglés de Nave de Desembarco, Vehículo, Personal), como se les llamó a estas barcazas.

Pero la historia no termina aquí. Termina tres años más tarde, en las playas de Normandía.

Todos hemos visto en las películas los LCVPs que se usaron para los desembarcos cuando las tropas aliadas cruzaron el Canal de la Mancha para atacar las playas de Normandía, terminando por liberar a Francia y al occidente europeo del control nazi. ¡Eran las barcazas de Higgins!

La batalla de Normandía habría sido imposible sin la barcaza de transporte de tropas de fondo plano. El General Dwight D. Eisenhower dijo sobre Andrew Jackson Higgins: «Este es el hombre que ganó la guerra por nosotros». Ciertamente, Higgins fue un Vencedor.

Tal vez no te hayas dado cuenta, pero conoces a muchos otros: Abraham Lincoln, que se crió analfabeto y en la pobreza, fue rechazado por los banqueros, los votantes, las empresas y los decanos de las escuelas de derecho antes de convertirse en el presidente de los Estados Unidos.

Los maestros de Thomas Edison le dijeron que él era demasiado torpe para aprender algo. . . y lo echaron de sus dos primeros empleos. Walt Disney fue despedido siendo editor de un periódico, porque su jefe dijo que le faltaba imaginación.

Al Coronel Harland Sanders le dijeron que «No» 1.009 veces los dueños de restaurantes antes que hallara uno que estuvo dispuesto a probar su ahora famosa receta de pollo frito.

¿Captas la idea? A veces, los mayores obstáculos con los que nos tropezamos en la vida son las personas que nos rodean; las personas que necesitamos convencer para que nos apoyen, o las personas con poca visión que más nos necesitan.

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